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21.07.2011
Presa de Flix: Lo que el agua no se llevó

Una pregunta por curiosidad... ¿quién paga todos estos gastos?

El embalse de Flix (Tarragona), en el tramo bajo del Ebro, ha sufrido durante más de un siglo una acumulación de residuos tóxicos procedentes de un complejo químico de la margen derecha del río. Radionucleidos, metales pesados y compuestos organoclorados reposan en el lodo del embalse. Algunas de estas sustancias forman parte de la llamada «docena sucia», sustancias a eliminar con prioridad según el Convenio de Estocolmo sobre los Contaminantes Orgánicos Persistentes (pdf), como el hexaclorobenceno y el DDT. El mercurio, altamente tóxico, es otro de los contaminantes del embalse.

El Ministerio de Medio Ambiente, después de caracterizar los residuos acumulados y confeccionar un mapa de contaminación, dio luz verde al proyecto de limpieza química en 2006. La retirada del lodo y su destino final fueron dos de las cuestiones clave en el proyecto. Frente a la opción de confinarlos «in situ», se decidió un tratamiento «ex situ» de los residuos en unidades de tratamiento situadas en los terrenos de la fábrica que produjo la contaminación.

La empresa UTE Ebre-Flix, constituidas por FCC Construcció y FCC Ámbito, bajo la supervisión y dirección de Acuamed, se encarga de limpiar el embalse, como explica Jaume Bresó, responsable de tratamientos: «El objetivo es la eliminación de los lodos residuales acumulados en una parte del lecho del Ebro, frente a una de las fábricas importantes de Flix, producidos por el vertido histórico de materiales residuales por parte de un complejo químico de la margen derecha del río. Como hay una presa a continuación se han acumulado y no se han dispersado. Contienen compuestos tóxicos porque esta electroquímica, que inició su actividad en 1900, producía gas cloro y sosa». Como resultado se han acumulado compuestos clorados y mercurio durante casi cien años.

Antes de proceder a la retirada del lodo ha sido necesario aislarlo mediante un dique de tablestacas -planchas de acero- clavadas en el lecho del río y unidas entre sí. Así se ha formado un muro semicircular de unos 1.300 metros, que se cerrará cuando empiece el dragado para evitar que los residuos sean arrastrados por el Ebro, que abastece toda el área de Tarragona. En esta fase previa a la descontaminación se está construyendo además una pantalla de hormigón para proteger la zona costera de posibles derrumbes durante el dragado, que se efectuará a partir del primer trimestre del próximo año.

Una draga ecológica succionará el lodo sin dispersar los contaminantes. «Lo peligroso sería que pasaran al río. Para evitarlo se ha establecido el cerramiento y controles muy estrictos mediante sondas y análisis exhaustivos», explica Bresó. Tras esta operación, el lodo se deshidratará y el agua que contenía, previa depuración y descontaminación, volverá al Ebro. El lodo deshidratado en la planta de clasificación y secado recibirá distintos tratamientos en función de su contaminación. Posteriormente se llevará a un vertedero específico, que se está construyendo a 6 kilómetros.

Fuente: ABC

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