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17.09.2010
Una vida marcada por la sensibilidad extrema a cualquier sustancia química

Por Celia Naharro Salas

En nuestra vida diaria, el contacto con las sustancias químicas se produce continuamente sin que seamos conscientes de ello. Están en el ambiente continuamente y en numerosos productos como los cosméticos, los detergentes, los perfumes, los ambientadores o algunos alimentos.

 Prácticamente todos nosotros convivimos con ellos con total normalidad pero hay algunas personas a las que estas sustancias afectan negativamente a su salud. Es el caso de la ciudadrealeña de 42 años Carmen Lozano. Padece una enfermedad de las conocidas como “raras” que se denomina Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple o, coloquialmente, “enfermedad de la niña burbuja”.

Esta extraña patología provoca respuestas fisiológicas anómalas –como dolor pectoral, dermatitis, arritmias, problemas gastrointestinales, intolerancias alimenticias, dolor muscular y articular, fatiga, dificultad respiratoria, cefaleas y migrañas o irritación y picor ocular- y alteraciones orgánicas frente a numerosos agentes químicos sintéticos, incluso a niveles muy bajos de exposición a tóxicos normalmente tolerados por la gran mayoría de la población.

Se trata de una enfermedad de reciente aparición y, por ello, no está reconocida en muchos países, entre los que se encuentra España. Es aún muy difícil tanto de diagnosticar como de tratar y esto genera mucha frustración y sufrimiento en las personas que la padecen. Carmen ha pasado años observando distintos cambios en su cuerpo, intentando sobrellevarlos, sufriendo síntomas y dolores, acudiendo a diferentes especialistas, sintiéndose incomprendida. Hace poco supo, por fin, que todo su personal “infierno” se debía a este extraño síndrome.

Todo empezó para ella después del embarazo, hoy hace ocho años. Los dolores de cabeza eran constantes, “pesados, persistentes, como una gran resaca que no se pasa”. “Pronto comencé a resfriarme demasiado a menudo, a quedarme afónica, a sufrir dolores de tripa y a no poder usar tintes para el pelo porque me producían heridas en el cuero cabelludo”, explica.

Carmen trabaja de peluquera desde los 14 años. Con mucho esfuerzo logró levantar su propio salón de peluquería y hacer de él un negocio próspero que hoy casi ni puede pisar. Fue trabajando en su peluquería cuando empezó a preocuparse seriamente por las reacciones de su cuerpo. “Tenía que ponerme una mascarilla y guantes para todo, para lavar el pelo, para hacer las permanentes, para aplicar tintes… porque estornudaba mucho y me ahogaba constantemente. Y fue a más hasta que tuve que dejar de ir porque me ponía fatal”, asegura.

Médicamente, Carmen ha vivido un auténtico vía crucis que hoy no ha terminado. En un principio, el médico de familia la derivó al alergólogo, donde le hicieron diversas pruebas que diagnosticaron una alergia al níquel, un metal presente en muchos de los objetos que nos rodean. A pesar de que intentó exponerse lo menos posible al contacto con el níquel, su estado general empeoraba paulatina y diariamente y a las molestias habituales se sumaron fuertes dolores musculares, la descompensación de la menstruación, la aparición de un nódulo en el pecho o la alteración del tiroides.

Desesperada, Carmen continuó visitando especialistas y sometiéndose a pruebas hasta que le diagnosticaron el Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple, aunque ni los propios médicos sabían mucho acerca de él.

Carmen asegura sentirse “prisionera” en su propio cuerpo y totalmente desamparada, incluso moralmente. Siente que su vida se ha roto y sufre ansiedad porque ve que los pilares de su existencia “se tambalean”. “No puedo pisar mi propio negocio, no puedo utilizar perfumes, ni detergentes para la ropa, ni suavizantes, ni ningún producto de limpieza, no soporto el olor de las personas con perfume, no puedo pasar por los pasillos de estos tóxicos en los supermercados, el tabaco no lo soporto, ni los barnices, los cosméticos, las maderas, los libros…”, enumera.

Por su bienestar y por el de su hijo, esta madre piensa, a pesar de las dificultades, seguir luchando. Tendrá que seguir modificando su vida -trasladarse al campo, comer todo ecológico, desterrar muchos hábitos- para aislarse todo lo que pueda de los químicos, ya que, a pesar de no ser una enfermedad mortal en sí misma, el Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple es una patología crónica, que no tiene cura ni otro tratamiento.
 
Fuente: GlobalCLM
 
Imagen: Augusto Guzmán
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